Auto Lincoln 76 que Estados Unidos regaló a México, desapareció de Los Pinos

Por Sin Embargo

Ciudad de México, 13 de enero.— Con la apertura de la Residencia Oficial de Los Pinos al público se desató una polémica por la ausencia de muebles, obras de arte, edredones o los cubiertos antiguos de la época de Porfirio Díaz, entre otras cosas. Estos se habrían incluido en el proceso de entrega y recepción, según la administración anterior, aunque falta conocer una auditoría para depurar la lista de los supuestos faltantes y deslindar cuáles objetos pertenecen al gobierno y cuáles eran del menaje privado de Enrique Peña Nieto.

Sin embargo, algo que probablemente nunca se va a encontrar, por lo menos en Los Pinos, es el famoso Lincoln 76, uno de los autos que trasladaba a los presidentes después de tomar posesión o en los Informes de Gobierno. Fotografías a través de cuatro décadas dan cuenta que ese auto fue parte protagónica de las dos ceremonias. En las imágenes aparece descapotable, sobrio, de carrocería reluciente. En él, los mandatarios iban de pie, mientras se abrían paso entre una multitud y los cubría una lluvia de confeti tricolor.

En 2006, el periódico El Universal publicó que el Lincoln 76 llegó a Los Pinos como un regalo del Presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter (1977-81). A partir de entonces, sirvió para llevar a José López Portillo (1976-1982), Miguel de la Madrid (1982-1988) y Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) cuando rindieron sus Informes de Gobierno, una fecha en la que se suspendían las labores, el Ejecutivo pronunciaba un discurso a veces de más de cinco horas y luego era transportado en el convertible de la Cámara de Diputados a Palacio Nacional. A Ernesto Zedillo (1994-2000), el Lincoln 76 lo paseó en su toma de posesión en 1994 en las calles aledañas al Palacio Nacional. Esa fue la última vez que los ciudadanos vieron al coche que con el paso del tiempo se envolvió en leyenda y misterio.

EL ÚLTIMO RASTRO DEL LINCOLN 76

Mientras los presidentes y sus familias la habitaron, Los Pinos –hoy convertida en espacio cultural– estuvo custodiada por dispositivos de seguridad que a veces se extendían varias calles a la redonda. En torno a la Residencia, muchas veces hubo muros que restringían el tránsito con tal de resguardar al primer mandatario y a todas las personas que vivían con él. El acceso para los ciudadanos era negado por completo. Tampoco había una obligación legal para que el Ejecutivo informara del mobiliario. De modo que la kilométrica propiedad, enclavada en el bosque de Chapultepec, se convirtió en una residencia inaccesible y opaca. Jamás se supo con certeza lo que había dentro. Ni lo que llegaba ni lo que salía.

El Lincoln 76 siempre existió, si se toma en cuenta la contundencia de las imágenes en la hemeroteca. Pero a la vez, jamás estuvo ahí, si se atienden los registros de la Presidencia de la República, en los que no aparece ni por asomo. En 2008, cuando gobernaba Calderón, el comité de transparencia de la primera magistratura declaró “inexistente” la posesión del automóvil, ante una solicitud de información, que hoy es posible consultar en los archivos del Instituto Nacional de Acceso a la Información y Protección de Datos Personales ( INAI). El Estado Mayor Presidencial respondió que jamás había tenido bajo su resguardo ningún automóvil Lincoln 76. A su vez, la Dirección General de Recursos Materiales y Servicios Generales, mediante un oficio, expuso que tampoco contaba con registro alguno del coche.

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